Formar a los mentores internos es un paso esencial para garantizar la eficacia de un programa de mentores. Ser un buen experto en negocios no basta para ser un buen mentor: necesitas habilidades específicas de comunicación, postura y escucha activa, así como una comprensión clara de tu papel.

El primer paso es ofrecer una sesión de formación inicial, aunque sea breve, para preparar el terreno. Esta sesión debe cubrir los objetivos del programa, lo que se espera del mentor, los límites de su papel (no son ni entrenadores ni directivos) y las herramientas de que disponen. Puede incluir ejercicios de simulación, consejos para establecer una relación de confianza y buenas prácticas de seguimiento.

En segundo lugar, es importante proporcionar a los mentores un apoyo regular a lo largo del programa. Esto puede adoptar la forma de reuniones de grupo entre compañeros, un asesor de RRHH disponible para responder a las preguntas, o recursos en línea (guías, vídeos, herramientas de seguimiento). La tutoría es un proceso de aprendizaje en sí mismo: los tutores deben poder compartir sus experiencias y beneficiarse de comentarios constructivos.

También se recomienda que se reconozca el compromiso de los mentores. Su papel requiere tiempo y compromiso, y merece ser reconocido: mediante promoción interna, certificación o incluso reconocimiento como parte del desarrollo de su carrera.

Por último, un buen programa de formación de tutores no es un módulo puntual: forma parte de un proceso continuo de mejora, de ajuste a los perfiles de los tutelados y de control de calidad.

Otro objetivo para los mentores son las personas mayores y jubiladas que conocen los valores de la empresa y tienen tiempo para compartir su experiencia.